01Octubre2014


 

 

 

 

 

 

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El cultivo de algodón es muy contaminante si no es sostenible


Muchas personas asocian el algodón con un tejido natural y lo prefieren a otros tejidos sintéticos obtenidos con fibras derivadas del petróleo. El algodón es, desde el siglo XIX, la principal fibra para fines textiles. Es verdad que el algodón es una fibra ideal para vestirse pero... detrás de una tela de algodón hay todo un proceso altamente contaminante y perjudicial para el medio ambiente y la sociedad que se inicia desde el mismo cultivo de la planta. Aunque su cultivo sólo ocupa el 2,4 % de la superficie cultivable mundial, consume el 16% de los insecticidas. Es uno de los cultivos más intensivos en el que además se utilizan gran cantidad de herbicidas, defoliantes y abonos químicos. El impacto ambiental es enorme y afecta no sólo a las comunidades que lo cultivan si no a muchas zonas vecinas e incluso alejadas de las zonas de producción. Esto se ve incrementado por el hecho de que el algodón se cultiva mayoritariamente en países pobres o en economías emergentes donde la situación en zonas rurales sigue siendo de gran pobreza. Países como India, Pakistán y China destinan más del 50% de su superficie agraria al cultivo del algodón. Pero el cultivo del algodón se extiende por todo el globo y los países industrializados no están al margen de sus efectos nocivos. Estados Unidos es el segundo productor mundial y en Europa se cultiva ampliamente en Grecia y Turquía. En la península encontramos plantaciones de algodón en Andalucía y Murcia con un total de unas 52.000 hectáreas en 2009.

UN CÓCTEL DE PRODUCTOS QUÍMICOS

Un cultivo convencional de algodón se convierte en una bomba química de efectos imprevisibles. Para que nos hagamos una idea de la magnitud vamos a poner por ejemplo un cultivo en Chile. En una hectárea se utilizan en una misma temporada:

- 800 kg de abonos químicos

- Abono foliar

- Abono orgánico

- 3 tipos de desinfectantes

- 8 insecticidas diferentes (2 de ellos ecológicos)

- 2 fungicidas

- 4 reguladores del crecimiento

En España no es muy distinto aunque se reducen los tratamientos y podemos encontrar máximos de hasta 7 aplicaciones de insecticidas, unas cuantas de reguladores de crecimiento y un par de defoliantes. Esto sin contar los tratamientos herbicidas que suelen ser dos y los abonos químicos.

Al cóctel de químicos se suma el hecho de que frecuentemente se utilizan insecticidas como el paration o el aldicarb que han sido declarados especialmente problemáticos para la salud humana por la propia OMS. La Agencia de Protección Medioambiental de EE.UU. (EPA) considera a siete de los 15 insecticidas más utilizados en el cultivo de algodón en este país como "posible", "probable" o "conocido" carcinógeno (acefato, dicloropropeno, diuron, fluometuron, pendimentalin, tribufos y trifuralin).

Además de la toxicidad de muchos de los insecticidas hay que sumar las escasas o nulas medidas protectoras que utilizan los agricultores de los países en desarrollo. Para Paquistán se calcula que un 50% de los pesticidas aplicados se pierden debido al mal uso y al empleo de maquinaria obsoleta para su aplicación. No son raras las imágenes de niños corriendo o jugando junto a los campos mientras sus padres aplican productos tóxicos en los cultivos.

 

Tampoco podemos olvidar los problemas asociados a los excesos del abono químico. Especialmente los nitrogenados que nunca faltan en el cultivo del algodón, son una fuente de contaminación de aguas subterráneas y superficiales. Provocan la eutrofización de ríos y lagos impidiendo el correcto desarrollo de la vida acuática. El agua con exceso de nitratos no es apta para el consumo humano y es especialmente perniciosa para los niños. Todos conocemos los problemas que hemos tenido en este país y han obligado a clausurar pozos y fuentes públicas. ¿Qué no pasará en países sin ningún tipo de control sobre la calidad del agua de bebida?

A esto hay que añadir los efectos sobre el cambio climático y el efecto invernadero del óxido nitroso N2O, 150 veces más potente que el famoso CO2 (algunos científicos hablan de hasta 300 veces más potente) por su estabilidad una vez llega a la troposfera. Allí además contribuye a la destrucción de la capa de ozono. El óxido nitroso es un gas que se desprende del suelo y los mares artificialmente enriquecidos con un exceso de nitrógeno procedente principalmente de la actividad agraria.

El algodón es una planta que tiene unas necesidades hídricas medias de 1000mm (es decir 1000l/m2) a lo largo de su ciclo. Si se cultiva en una zona donde la pluviometría es inferior es necesario recurrir al riego. Además resiste muy poco la falta de agua en determinados periodos de su desarrollo, especialmente a partir de la floración y si no se riega la producción se ve seriamente perjudicada. Por eso en las zonas de cultivo del algodón el agua es un bien esencial para asegurar la cosecha.

Pero a la vez el algodón requiere de un clima seco ya que los días de sol favorecen la floración y la fructificación. Una lluvia después de la apertura de las cápsulas puede afectar seriamente su calidad. Estos requisitos tienen como resultado la implantación de los campos de algodón en zonas secas acompañadas de regadío. Como además se trata de un cultivo industrial se cultiva en grandes extensiones. Todo ello conduce a una gran demanda de agua que se suele utilizar de manera poco eficiente (el principal sistema de riego sigue siendo a manta o por surcos) y que devuelve al medio un agua cargada de abonos y residuos de pesticidas. Quizás el ejemplo más conocido sobre los efectos que el cultivo del algodón ejerce sobre el ciclo y la calidad del agua es el Mar de Aral, pero no es el único y supone un verdadero drama para muchas comunidades de países en vías de desarrollo.

En la región China de Xinjiang las vastas extensiones de cultivos de algodón se han relacionado con el avance del desierto de Taklamakan cuyas dunas se han tragado pueblos enteros.

También el algodón es el responsable del avance de los procesos de desertificación en África oriental tal como denunciaba este mismo año Armande Zanou-Aivodji, del Ministerio de Medio Ambiente del Benín.

La industria del algodón convencional empieza a reaccionar frente a las denuncias de diferentes movimientos sociales sobre los problemas ambientales ligados al cultivo convencional. Uno de los principales objetivos es reducir la cantidad de pesticidas que se aplican.

La ciencia, al igual que en otros cultivos, ha puesto sus esfuerzos en encontrar plantas resistentes a plagas y ha desarrollado un algodón transgénico que incorpora la toxina Bt. Los estudios presentados por los entornos "protransgénicos" hablan de reducciones en el uso de pesticidas que muchas veces están entorno del 50%. Sería una buena noticia si el uso de algodón transgénico no tuviese importantes "efectos secundarios" y esta tecnología no tuviese grandes lagunas sobre su funcionamiento y consecuencias futuras. Existen muchas incógnitas sobre si ésta es el mejor camino a seguir. ¿Cuánto tiempo tardarán los insectos a romper la barrera de resistencia del algodón y seguir consumiéndolo sin problemas? ¿Qué pasará entonces? ¿Se crearán nuevos transgénicos? ¿Se volverá al uso tradicional de insecticidas?

Frente a todos los problemas asociados al cultivo de algodón de forma intensiva surge la necesidad de encontrar un método más respetuoso con el medio ambiente y sobre todo con los agricultores y sus comunidades. Mucho más allá de la visión simplista centrada en la resistencia de la planta a una determinada plaga que ofrecen los transgénicos, la agricultura ecológica da una respuesta al problema mucho más global. Quizás los rendimientos no van a ser tan elevados pero permite un cultivo sostenible en el tiempo, que no degrada los suelos ni pone en peligro la supervivencia y la salud de los pueblos. Las técnicas que se aplican en un método de cultivo u otro son muy diferentes.

En un cultivo convencional a cada problema se le busca una solución, en muchos casos recurriendo a insumos externos que, además de caros, pueden ser tóxicos. En cambio el cultivo ecológico entiende la finca como un ecosistema y busca la complicidad de la naturaleza para conseguir el máximo rendimiento sin degradar los recursos naturales.

 

LA FERTILIDAD

El cultivo convencional es un monocultivo que agota los suelos y consume grandes cantidades de agua. El cultivo ecológico implica rotaciones con otros cultivos como el maíz, la mandioca, el trigo, el girasol, el tomate o el sorgo, en los que además se intercalan abonos verdes, es decir, cultivos que incluyen leguminosas y que mejoran la fertilidad del suelo.

Para abonar se recurre básicamente a compost al inicio del cultivo en el momento de la siembra. El compost además de nutrir a la planta ayuda a mejorar la estructura de los suelos y a aumentar su capacidad para retener el agua. Los abonos verdes de la rotación también colaboran en el mantenimiento de la fertilidad del suelo, son una fuente de nutrientes que el cultivo tiene rápidamente a su disposición. Pero el algodón es un gran consumidor de nutrientes y por ello no se siembra en un misma parcela antes de tres años como mínimo.

El aporte de nutrientes se complementa con la aplicación de cenizas de madera para proveer de suficiente potasio al cultivo y de rocas fosfóricas trituradas en caso de que sea necesario suplementar el suelo con fósforo. Ambos se suelen añadir al compost para enriquecerlo durante su preparación.

 

El algodón compite muy mal con las malas hierbas en las primeras fases cuando la planta es pequeña. Luego tiene un gran desarrollo (en realidad se trata de un pequeño arbusto que en su forma natural vive varios años) y las hierbas que puedan crecer ya no son un problema. Para disminuir la cantidad de malas hierbas sin recurrir al uso de herbicidas se utiliza la técnica de la falsa siembra. Se prepara el terreno como si se fuera a sembrar pero no se siembra. Las semillas de malas hierbas germinan y entonces se eliminan mecánicamente y se procede a sembrar procurando no remover excesivamente el suelo para no poner de nuevo semillas de malas hierbas en superficie. Las rotaciones de cultivo también son una herramienta básica para evitar la proliferación de un determinado tipo de malas hierbas ya que suelen ir asociadas a cultivos específicos. El cultivo ecológico del algodón no utiliza defoliantes químicos. Se opta por la recolección manual o, si ésta es mecanizada, se utilizan métodos naturales como esperar a que se produzca una helada o gestionar correctamente el riego para provocar la caída de las hojas de la planta.

Por último no debemos olvidar que el consumo de algodón ecológico es además una muestra de apoyo y solidaridad con comunidades que, de esta forma, pueden tener una actividad económica que no les obliga a estar en contacto permanente con tóxicos y que no contribuye a la degradación de sus tierras ni a la contaminación de sus aguas.

Es nuestra responsabilidad como consumidores elegir entre un cultivo que degrada el medio ambiente y pone en peligro la salud de las persona u otro que permite a los algodoneros ganarse la vida con dignidad y sin poner en peligro el futuro de sus hijos.

Aunque el cultivo del algodón actual no tenga nada que ver con las aberraciones que se cometían hace diez años, todavía existe un largo camino por recorrer y muchos son los lugares en el mundo en que apenas han empezado a caminar. El cultivo ecológico del algodón ofrece una vía rápida y segura para regenerar millones de hectáreas de suelo agonizante.

De la planta del algodón, además de la fibra, se obtiene el aceite de algodón ampliamente utilizado para freír, especialmente en la industria. Dentro del ingrediente más genérico indicado como "aceites y grasas vegetales" también está incluido el aceite de algodón. Se suele utilizar en aperitivos fritos como las patatas, palomitas de maíz y en muchas salsas preparadas. El aceite de algodón también se utiliza frecuentemente en la elaboración de piensos para alimentación animal. Sin quererlo estamos consumiendo un producto que en el mejor de los casos tendrá algún residuo de pesticidas o, a lo peor, será directamente transgénico.

Fuente:  www.vidasana.org

 

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